
A comienzos del siglo XIX, los ciudadanos noruegos se encontraron en una sitación muy similar a la de los españoles de su tiempo; salvo que Noruega luchaba por independizarse de Suecia y Dinamarca mientras España se encontraba en guerra con Francia. En ambos países surgieron movimientos -influidos por la Constitución de los Estados Unidos (la primera que se escribió en el mundo) y los valores revolucionarios franceses- para dotar tanto a Noruega como a España de una
Carta Magna liberal e ilustrada que alejara a las dos naciones de los regímenes absolutistas; de ahí la curiosa analogía que se puede establecer entre
La Pepa que se proclamó en
Cádiz en
1812 y la
Constitución de Eidsvoll (una ciudad cercana a Oslo) de
1814 que, con diversas –y lógicas– enmiendas, continúa siendo hoy en día la Constitución europea que lleva más tiempo en vigor: casi doscientos años. Puedes conocer su contenido y el contexto histórico en el que se aprobó en mi sección
Hechos gaditanos de
la revista
Timón Laboral.
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