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En la calle del Arco, en Antigua (Guatemala).

19 de junio de 2013

Prólogo al nuevo libro de Tomás Montero

Si hace dos años tuve el privilegio de prologar el libro Legislación penal juvenil comentada y concordada [Madrid: La Ley (Wolters Kluwer), 2011] de Tomás Montero, con un breve artículo titulado Sangre joven, que fue muy bien acogido tanto por el autor como por la propia editorial y los lectores; este año repetimos aquella experiencia con su nuevo libro Las alternativas a la privación de libertad en el Derecho Penal español [Palma de Mallorca: Crimibooks, 2013] y un atípico prólogo que he titulado Mesopotamia es el Edén. Como el estudio de Tomás analiza esta pena, prestando una especial atención a la justicia juvenil, con el objetivo de encontrar alternativas que sustituyan el internamiento de los delincuentes menores de edad; por mi parte, he propuesto un viaje al origen de los primeros textos legales de la Humanidad, en la cuna de la civilización –Mesopotamia– para destacar dos ideas fundamentales: 1) Que las penas privativas de libertad y las prisiones, tal y como hoy las entendemos, son una creación aún muy reciente; y 2) Que, por el contrario, las penas de multa, como alternativa para sancionar un comportamiento delictivo, son tan antiguas como los primeros asentamientos humanos.

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