El curioso juego de palabras que da título a este in albis hace referencia a dos leyendas urbanas relacionadas con la frenología que se vienen comentando por toda Europa desde mediados del siglo XIX pero que, en el XXI, sólo pueden documentarse por fuentes escritas secundarias que simplemente las reproducen, citándolas de manera parcial: la primera se refiere a la curiosa forma de impartir justicia del Marqués de Mascardi, en Nápoles (Italia), entre 1778 y 1782, según la cual, siempre que un criminal condenado á muerte debía sufrir la pena sin haber confesado sus crímenes, á pesar de la convicción provada por testimonios suficientes, le hacía comparecer ante sí, ecsaminaba atentamente su fisonomía y luego su cabeza, y por lo que en ellos observaba daba la sentencia definitiva. Esta atípica forma de condenar a un imputado por el mero hecho de que su cara o su cabeza no cumplieran con los cánones de belleza, parece que tuvo un antecedente en el Derecho Romano; en concreto, con la segunda leyenda: el presunto Edicto de Valerio –que, de nuevo, sólo existe en citas parciales– según el cual, se atribuye a este emperador que apenas ocupó el trono de Roma durante unos cuatro meses, a comienzos del siglo IV, la siguiente máxima: Cuando tengas dudas entre dos presuntos culpables, condena al más feo; es decir, parafraseando el célebre aforismo latino, en este caso sería: in dubio pro feo. Este artículo forma parte del contenido del número 21 de la revista Quadernos de Criminología.
10 de julio de 2013
6 de julio de 2013
«¿Por qué se diferencia entre hurtar y robar?» en Criminogénesis #10
Estos dos tipos penales son un buen ejemplo de cómo, en ciertas ocasiones, algunos delitos se tipifican de acuerdo con unos viejos estereotipos –ajenos al Derecho– que reflejan otras motivaciones (morales, éticas, religiosas, sociales o políticas) propias de otros tiempos; en lugar de ceñirse a estrictas razones jurídicas, criminológicas o de política criminal. Sólo así se explica que persista la sustantividad del robo con respecto al hurto cuando, en ambos casos, el bien protegido es el patrimonio de la víctima. El artículo que he publicado en el nº 10 de la revista mexicana especializada en Criminología y Derecho Penal, Criminogénesis -dirigida por el profesor de la UNAM Alejandro Carlos Espinosa- trata de responder a esa pregunta, analizando cuáles han sido sus antecedentes histórico-jurídicos y su evolución hasta llegar a la actual regulación, tanto en España como en el Derecho Comparado.
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Artículo criminológico,
Artículo jurídico
19 de junio de 2013
Prólogo del nuevo libro de Tomás Montero
17 de junio de 2013
«No hay honor en los crímenes de honor» en REE #61
Los crímenes de honor son una costumbre ajena al hecho religioso que surgió en Mesopotamia hace, al menos, 4.000 años, y que responde a una tradición cultural que se invoca como excusa para no respetar los derechos a la vida, la dignidad, la integridad y la libertad de las mujeres. Desde mediados del siglo XX, con la llegada al Viejo Continente de los primeros trabajadores invitados, procedentes en su mayor parte de Turquía, estos delitos constituyen un serio problema en Europa que lejos de disminuir, ha empeorado, con diversos obstáculos: la falta de datos fiables sobre el número de víctimas, la ausencia de una definición unánimemente aceptada para delimitar este concepto y la carencia de un marco legal eficaz. Por ese motivo, la lucha contra esta brutal costumbre debe garantizar que los ordenamientos jurídicos persigan estos asesinatos y castiguen con eficacia cualquier forma de violencia contra la mujer; llevando a los agresores ante la Justicia y rechazando cualquier invocación del honor como atenuante para justificar la comisión del delito. Retomando la expresión inglesa There is no honour in so-called “honour crimes” que citó la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa en su Resolución 1681 (2009), de 26 de junio, he escrito el artículo No hay honor en los llamados crímenes de honor: Europa y la ancestral autoridad para matar que se publicará en el número 61 (enero-junio 2013) de la Revista de Estudios Europeos que dirige el catedrático de Derecho Internacional Público de la Universidad de Valladolid, Alberto Herrero de la Fuente.
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24 de mayo de 2013
«El Contable, de Félix Vallotton» en CONT4BL3 #XLVI
En plena Belle Époque francesa –como habitualmente se conoce a las dos décadas previas a la I Guerra Mundial (1914-1918), evocando la alegría de vivir que caracterizó a aquellos años anteriores al conflicto bélico– París se convirtió en el epicentro cultural de numerosos movimientos artísticos que alcanzaron su mayor apogeo durante el tránsito del siglo XIX al XX y que se caracterizaron por revitalizar el modo de concebir el arte, acercándolo al gran público, más allá de las galerías, de forma que toda la sociedad pudo descubrir la belleza de aquellos sorprendentes cuadros impresionistas, simbolistas, puntillistas, cubistas, fauvistas… y las obras de uno de los grupos más singulares de aquel momento: los nabí. El cuadro que nos legó para la posteridad la imagen de algunos de los integrantes de aquel colectivo –los Cinco pintores (en referencia a Bonnard, Vuillard, Cottet y Roussel)– fue realizado en 1902 por un joven suizo llamado Félix Vallotton que se autorretrató como el quinto pintor que da título a la obra aunque se situó en un humilde segundo plano, el primero por la izquierda, quizá porque se quiso mostrar al margen del resto, dado su habitual carácter insatisfecho que le impedía sentir cualquier arraigo, comportándose como un creador que busca su propio camino sin querer sentirse etiquetado ni encuadrado en alguna corriente. En el número XLVI de la revista CONT4BL3 analizo la trayectoria de este creador y la historia de una de sus obras más curiosas, el falso retrato de un contable. Puedes descargártelo en pdf pulsando en este enlace.
21 de mayo de 2013
«Conferencia sobre las plusmarcas del crimen» en la Fundación Ramón Areces [Madrid]
Juan Moral de la Rosa (abogado, exfiscal de la Audiencia Nacional y Directivo de la Asesoría Jurídica de El Corte Inglés) y Jesús Santos Alonso (abogado, Director del Departamento Penal de Baker & McKenzie y exfiscal de la Audiencia Nacional) dirigen la jornada sobre Criminología y Derecho Penal que se celebrará en la sede de la Fundación Ramón Areces, en Madrid (c/ Vitruvio, 5), el 11 de junio de 2013, a partir de las 11h30, en sesiones de mañana y tarde. Por mi parte, participaré en la primera mesa redonda del día con la conferencia Las plusmarcas del crimen: la historia de algunos récord de homicidas y asesinos. La asistencia a esta jornada de formación es gratuita y, para acudir, sólo hay que inscribirse on line cumplimentando un sencillo formulario en la web de esta institución que, desde 1976, viene fomentando la investigación científica en España, como motor de progreso y modernidad.
2 de mayo de 2013
«La libertad de imprenta y las mariposas de Cádiz» en Timón laboral #21
En 1811, después de que las Cortes se trasladaran a Cádiz desde la Isla de León, la aristocrática calle Ancha de la capital gaditana se convirtió en el corazón de España –como la definió Benito Pérez Galdós en uno de sus Episodios Nacionales– porque allí se conocían, antes que en ninguna parte (…) los proyectos legislativos, los decretos del Gobierno legítimo y las disposiciones del intruso (…) Conocíanse asimismo los cambios de empleados y el movimiento de aquella administración que, con su enorme balumba de consejos, secretarías, contadurías (…) se refugió en Cádiz de la invasión de las Andalucías. Lógicamente, aquella populosa vía acabó convirtiéndose en el epicentro del floreciente negocio de la edición, de forma que allí aparecieron –en palabras del célebre novelista y cronista canario– arrebatados de una a otra mano, los primeros números de aquellos periodiquitos tan inocentes, mariposas nacidas al tibio calor de la libertad de imprenta. Gracias al Real Decreto de 10 de noviembre de 1810 que estableció esa libertad –que, hoy en día, se correspondería con la libertad de expresión– y a la facultad prevista en el Art. 131.24ª de la Constitución de 1812, Cádiz se convirtió en la cuna del periodismo español. Este es el tema sobre el que escribo en el número 21 de la revista Timón laboral.
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