Imaginemos que, hoy en día, un famoso pintor hiperrealista decidiera inspirarse en las manifestaciones de los preferentistas, que han perdido sus ahorros al desconocer el verdadero riesgo en que se incurría al invertir en dichos productos –como lo ha definido la Audiencia Nacional– y que los retrata, en un gran lienzo, protestando ante la sede de alguna entidad financiera. Salvando las distancias, eso mismo fue lo que pintó el artista inglés Edward Matthew Ward, en 1847, cuando representó a los afectados de una salvaje especulación, quejándose por la pérdida de su dinero en el Callejón de los cambios, de Londres, víctimas del escándalo de la Compañía de los Mares del Sur que originó el estallido de la primera gran “burbuja” que explotó en la economía mundial; la causante de que el Parlamento de Westminster aprobase la llamada Bubble Act [Ley Burbuja], a principios del siglo XVIII. En el número 49 de la revista CONT4BL3 escribo sobre esta curiosa historia que Ward reflejó en su cuadro, repasando la vida de este desconocido pintor inglés hasta su trágico desenlace.
3 de abril de 2014
2 de abril de 2014
«Los asesinatos selectivos ("targeted killings")» en QdC #24
Durante la última década, algunos gobiernos –en especial, los de Israel, Rusia y Estados Unidos– se han atribuido la potestad de eliminar a todas aquellas personas que previamente han sido señaladas por sus servicios de inteligencia como objetivos prioritarios, matándolas dónde y cuándo lo han estimado oportuno, aunque sea un tercer país, y sin rendir cuentas a nadie por llevar a cabo esta práctica ilegal; como resultado, los asesinatos selectivos –apropiación directa de la locución inglesa targeted killings– comenzaron a ser noticia en los titulares de los medios de comunicación de todo el mundo desde que el ejecutivo israelí hizo pública su política de asesinar selectivamente a presuntos terroristas palestinos, en el año 2000, y Washington puso en marcha una iniciativa similar en 2002. Hoy en día, en el Derecho Internacional no existe ninguna norma que defina qué son estos asesinatos selectivos de forma precisa, lo que dificulta la protección de los Derechos Humanos que se ven afectados por estos crímenes, especialmente cuando los daños colaterales acaban con la vida de inocentes víctimas civiles. Este es el tema que analizo en mi sección In albis, en el número 24 de la revista Quadernos de Criminología.
1 de abril de 2014
«La justicia juvenil en el Derecho Internacional» en DyCS #36
Lograr el objetivo de proteger jurídicamente a los menores en condiciones de paz, libertad, dignidad y seguridad conlleva una ingente dificultad en el ámbito internacional: armonizar la pluralidad de legislaciones que coexisten en el mundo, entre las que no existe uniformidad ni se da una respuesta única que sea aceptada por todos los países a la hora de regular la mayoría de edad penal, tipificar cuáles son las conductas delictivas o definir cómo han de ser las penas que se impongan a los menores que delinquen. De ahí la necesidad de valorar positivamente el esfuerzo que se viene realizando, en el marco de las Naciones Unidas, para implantar un “mínimo común” que sea válidamente aplicable en los diferentes sistemas jurídicos que convivimos en La Tierra. Así se resume el artículo La justicia juvenil en el Derecho Internacional que he publicado en el número 36 de la revista peruana Derecho y Cambio Social dirigida por Pedro Donaires.
7 de diciembre de 2013
«La gran estafa de Elmyr de Hory» en CONT4BL3 #XLVIII
Aunque siempre proclamó su inocencia, el presunto aristócrata húngaro Elmyr de Hory [Budapest, 1906 – Ibiza, 1976] ha pasado a la Historia como uno de los mayores falsificadores de arte de todos los tiempos; una etiqueta que a él le parecía injusta porque se consideraba una víctima de las costumbres y las leyes del mundo de la pintura.
Sus obras eran tan asombrosamente parecidas a los originales en que se inspiraba que, en 1974 –durante la grabación del documental F for Fake (Fraude. La gran mentira del arte)–, Elmyr bromeó sobre su talento con el director Orson Welles, diciéndole que si se colgaran mis cuadros en un museo de pintura el tiempo suficiente, se volverían auténticos. Así presumió de su trabajo mientras se burlaba de los expertos que no habían sido capaces de distinguir sus copias de los lienzos verdaderos. Todo comenzó en París, al finalizar la II Guerra Mundial, cuando vendió su primer dibujo a lo Picasso, a una millonaria, como si realmente se tratara de un cuadro original del ilustre creador malagueño, y comprobó la facilidad del engaño y la rentabilidad de la estafa. En mi sección ContabilizARTE del número 48 de la revista CONT4BL3 puedes descubrir su estafadora vida hasta que decidió suicidarse en su casa ibicenca antes de que las autoridades españolas lo extraditaran a Francia.
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Artículo jurídico
28 de octubre de 2013
«¿Cuándo se crearon las primeras cárceles?» en QdC #22
Hoy en día, cuando hablamos de los establecimientos penitenciarios –el eufemismo que el legislador español suele emplear para referirse a las cárceles– los Arts. 1 y 8 de la Ley Orgánica 1/1979, de
26 de septiembre, General Penitenciaria se refieren a los centros destinados a la retención y custodia de detenidos, presos y penados como una institución penitenciaria cuyo fin primordial es la reeducación
y la reinserción social de los sentenciados a penas y medidas penales privativas de libertad. A primera vista, podría parecer que este modelo penitenciario es el que ha existido desde siempre, pero no es así; de hecho, encarcelar a los reclusos en una prisión para privarles de su libertad durante un determinado periodo de tiempo, como consecuencia de haber cometido una conducta tipificada penalmente como delito, fue un criterio de política criminal que se implantó durante el siglo XVIII y, por lo tanto, podríamos decir que se trata de una institución relativamente moderna. El artículo ¿Cuándo se crearon las primeras cárceles? que he publicado en el número 22 de la revista Quadernos de Crimonología analiza el origen de aquellas pioneras prisiones.
22 de septiembre de 2013
Profesor de Derecho Internacional Público en la UVa
Con el inicio del nuevo curso académico 2013-2014 en la Facultad de Derecho de la Universidad de Valladolid, me incorporo al Departamento de Derecho Público para impartir las clases prácticas de las asignaturas de Derecho Internacional Público, tanto a los alumnos de segundo curso del Grado de Derecho como de cuarto del doble Grado de DADE [Derecho y Administración y Dirección de Empresas]; y de Derecho Comunitario a estos últimos. Así, regreso como profesor al centro universitario donde me licencié en Derecho (1987-1992), realicé los estudios de postgrado (2007-2008) y defendí mi tesis doctoral (2013).
17 de septiembre de 2013
«El tributo, de Masaccio» en CONT4BL3 #XLVII
En la capital de la Toscana (Italia), junto a la histórica
ciudad señorial y burguesa de palacios y grandes monumentos, siempre existió otra
Florencia de callejuelas tranquilas, alejadas de la nobleza, donde la gente llevaba
una vida más sencilla y humilde en la margen izquierda del río Arno. Aquella zona
periférica se llamaba Oltrarno y su centro era una gran plaza rectangular
dedicada a la Virgen del Carmen donde, en el siglo XIII, se levantó la pequeña
iglesia del Carmine. En una de sus
naves laterales, el rico comerciante de sedas, Felice Brancacci, contrató a un joven artista
para que le decorase su capilla familiar. Se llamaba Tomasso di Ser Giovanni di
Mone (1401-1428), más conocido –despectivamente– por el apodo de Masaccio,
un juego de palabras a partir de su nombre, Tomasaccio,
que en castellano y muy libremente podría traducirse como Tomasucio, porque el desaliñado pintor descuidaba su higiene
personal al evadirse con el arte. Una de sus más conocidas creaciones fue la escena apaisajada de El tributo, donde un mismo escenario muestra al espectador una curiosa composición que solo puede calificarse como vanguardista para el siglo XV, al
recrear tres acciones que se desarrollan en tiempos distintos: el encuentro de Jesucristo y san Pedro con un recaudador de impuestos. La historia de aquella obra de arte y la extraña muerte -¿envenenado?- del Masaccio, son el argumento de la sección ContabilizARTE que he escrito para el número 47 de CONT4BL3.
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